Por Exequiel Tomba
El dilema argentino
Entre el potencial y la repetición,
una mirada geopolitica del estancamiento argentino
Recientemente, Peter Thiel volvió a poner sobre la mesa una tesis recurrente,que se viene escuchando desde la narrativa liberal, esta es que basicamente la decadencia argentina se explica casi exclusivamente por el peronismo y que neutralizar esa ideología es la condición previa para cualquier desarrollo. Es una síntesis cómoda, pero simplifica un proceso histórico complejo.
Hay dos respuestas servidas para explicar qué le pasó al país, y ambas equivocan el diagnóstico porque miran el ombligo nacional sin levantar la cabeza hacia el tablero global. La de Thiel, en concordancia con la narrativa liberal, tiene la elegancia fría de un diagnóstico técnico: el problema radica en un error de software cultural, una incompatibilidad entre la mentalidad colectiva argentina y las reglas del capitalismo global. Actualizás el sistema operativo —desregulás, achichís el Estado, importás meritocracia—y volvés a ser rico como en 1913.
El relato opuesto ofrece el consuelo de la coartada perfecta: la culpa es del imperialismo, del FMI, de la City de Londres, del orden internacional impuesto por las potencias de turno. Cayendo así en la parsimonia del victimismo, ansiando buscar culpables en vez de soluciones.
La pregunta que ninguno de los dos relatos se anima a hacer es la que de verdad importa: cuando la renta entró —y entró en volúmenes enormes, varias veces en la historia del país—¿Hacia dónde se dirigió, quién decidió su destino, y desde qué posición en el tablero mundial se tomaba esa decisión?
El espejismo de 1913
Arranquemos por el dato que todo el mundo cita como si fuera una medalla al mérito: hacia 1913, el ingreso per cápita argentino rivalizaba con el de Francia. Es cierto. Y es también el truco estadístico más viejo del mundo. Ese número sale de dividir la renta de una pampa húmeda extraordinariamente fértil, en el pico de precios de commodities más alto de la época, entre apenas siete millones de habitantes. El promedio da alto. Lo que ese promedio nunca preguntó fue si detrás había industria propia, tecnología, capacidad de fabricar lo que hacía falta para sostenerse solo.
Aplicá el mismo criterio hoy y vas a entender el truco enseguida: Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Guyana están entre los primeros puestos del ranking mundial de PBI per cápita porque extraen petróleo con poblaciones chicas. Sin embargo a nadie se le ocurre llamarlos potencias industriales. La Argentina de 1913 jugaba exactamente esa liga: un enclave agroexportador próspero en la superficie y hueco por dentro. Hubo plata, mucha plata, real y contante. Lo que no hubo fue un país capaz de fabricar sus propias herramientas, y esa es la diferencia entre tener plata y ser un país desarrollado.[...] 👇🏼
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